Antes de elegir un tramo, conviene saber qué situación tienes delante
Adaptamos la jornada a lo que te encuentras: un río crecido tras varios días de lluvia en la cuenca del Miño, un cauce bajo y transparente a finales de agosto, o una jornada de invierno con el agua por debajo de los diez grados. No es lo mismo leer una veta rápida que un remanso somero, ni presentar un señuelo de perfil estrecho que una cucharilla pesada. Si vienes con una idea clara de lo que quieres trabajar, la ajustamos al tramo; si no, empezamos observando la corriente antes de montar la caña.
Cada salida termina con una lectura compartida: qué vimos, qué funcionó y qué dejamos pendiente para la próxima vez. Esa libreta es la que después te sirve para decidir por tu cuenta.
Si aún no tienes claro el punto de partida, revisa primero el
proceso de trabajo
o consulta las
adaptaciones por situación
antes de escribirnos.