Antes de pisar el cauce acordamos el tramo, la hora y el objetivo del día: leer la corriente, entender qué hacen los peces con esa luz y esa temperatura, y decidir si merece la pena insistir o cambiar de postura. La jornada se organiza por fases y cada una tiene su ritmo, sus límites y sus comprobaciones. No prometemos capturas, pero sí un orden de trabajo claro, material revisado y respeto estricto por vedas, cupos y normativa autonómica vigente.
Cada salida sigue un orden fijo que nos permite adaptarnos al caudal, a la luz y a la actividad real de los peces. No improvisamos sobre la marcha: primero leemos el tramo, después decidimos la técnica y solo entonces montamos el equipo. Si el río no acompaña, lo decimos antes de empezar.
Nos escribes con la zona que te interesa y el número de personas. Revisamos el calendario de vedas, el estado de los cauces y las previsiones de lluvia antes de proponer una fecha concreta.
El primer tramo lo recorremos sin caña. Identificamos vetas, remansos y pozas, y anotamos en la libreta por dónde entra el agua y dónde se acumula la comida. Esa lectura marca el resto del día.
Según temperatura del agua, claridad y actividad observada, montamos señuelos de perfil estrecho o cucharillas. Ajustamos velocidad de recogida y profundidad antes del primer lance real.
Trabajamos con anzuelos sin muerte, manos húmedas y tiempos de manipulación cortos. Reanimamos al pez en corriente antes de soltarlo y registramos la captura en el parte cuando la normativa lo exige.
Al terminar repasamos lo observado: qué tramos funcionaron, qué señuelos rechazaron los peces y qué condiciones cambiaron durante la jornada. Te llevas las notas para aplicar en tus próximas salidas.
Licencia en vigor, ropa de agua y calzado con suela adherente. Si el caudal sube por lluvias fuertes, reprogramamos sin coste. Los detalles de cada caso están en la sección de ayuda.
Consultar dudas frecuentes · Leer la corriente antes de lanzar
Cada salida sigue un orden fijo que hemos ido ajustando tras varias temporadas en la cuenca del Miño y del Ulla. No es una agenda rígida: la crecida del río, la temperatura del agua o un aviso de la Confederación pueden alterar el plan. Lo que sí mantenemos es la secuencia, porque permite trabajar la lectura del agua antes de tocar el señuelo y cerrar siempre con una revisión honesta de lo que ha pasado.
Semana previa
Consultamos el parte de caudales, los avisos de la Confederación Hidrográfica y el calendario de vedas del tramo elegido. Si el río baja turbio o con exceso de agua, movemos la jornada a otra fecha en lugar de forzar la salida. En este punto también se confirma el número de participantes y el material que cada uno trae.
Primera hora
Empezamos sin caña en mano. Se dedican veinte o treinta minutos a leer la superficie: dónde rompe la corriente, qué piedras generan remanso, en qué tramo se acumula espuma. Cada persona anota en su libreta dos o tres lecturas del cauce. Es el momento en el que se decide desde qué orilla se va a pescar y con qué tipo de presentación.
Media mañana
Se monta el equipo en función de lo observado: perfil del señuelo, peso, velocidad de recogida y profundidad de trabajo. Aquí se corrigen errores habituales como lanzar demasiado lejos de la veta o recoger a un ritmo que el pez rechaza con agua fría. Los cambios se prueban tramo a tramo, no en bloque.
Captura
Cuando hay captura, se trabaja con las manos húmedas, anzuelo sin muerte y un tiempo máximo de manipulación de unos treinta segundos. Antes de soltar, el pez se reanima en corriente suave hasta que recupera el equilibrio. Si la temperatura del agua es alta, se evita fotografiar y se devuelve cuanto antes.
Cierre
Al terminar, se repasa lo anotado: qué lecturas del agua acertaron, qué señuelos funcionaron y qué habría que cambiar en la próxima salida. También se revisa el estado del tramo, se recogen restos de sedal o basura ajena y se deja constancia del parte de capturas si corresponde. Esa revisión alimenta la siguiente jornada.