Cuando el termómetro del agua baja de los diez grados, la trucha y el reo dejan de perseguir. No es que
no coman: comen menos, más cerca del fondo y con muy poco margen para gastar energía. En las jornadas
que hemos hecho este invierno entre Salvaterra y As Neves, la diferencia entre un día con capturas y
otro en blanco casi nunca estuvo en el sitio, sino en el señuelo y en cómo lo movíamos.
Lo primero que cambia es el tamaño. Un perfil estrecho de cinco o seis centímetros, tipo minnow
suspendido, entra en la corriente con menos resistencia y se mantiene más tiempo en la zona de
alimentación. Los vinilos de dos pulgadas montados con cabeza plomada ligera funcionan cuando el pez
está pegado al fondo, sobre todo en pozas con piedra suelta. Las cucharillas clásicas siguen teniendo
su hueco, pero conviene bajar el gramaje: si la pala gira demasiado rápido, el pez la ignora.
El color depende más de la luz y de la claridad que de la temperatura. Con agua turbia y cielo cubierto,
tonos naturales como el oliva o el marrón ahumado se leen mejor que cualquier acabado llamativo. Con
agua clara y sol bajo, un punto de naranja o de chartreuse en la cola ayuda a fijar la mirada del pez
sin sobreexcitar. En cualquier caso, el invierno no es momento de experimentar con acabados
metalizados grandes.
La velocidad de recogida es lo que más cuesta ajustar. La tentación es recuperar rápido para "sentir" el
señuelo, y es justo lo contrario de lo que pide el agua fría. Recogidas lentas, con pausas de dos o tres
segundos, dejan que el señuelo trabaje en la columna donde está el pez. En las jornadas más frías
notamos que las picadas llegaban casi siempre en la pausa, no durante el movimiento.
La profundidad de trabajo también importa. Un señuelo suspendido que se queda a media agua pierde
sentido si el pez está a un metro del fondo. Ahí entran las cabezas plomadas y los montajes con
lastre repartido, que permiten tantear el fondo sin enganchar en cada pasada. Antes de cambiar de
señuelo, merece la pena cambiar la profundidad.
Ninguna de estas pautas sustituye a la observación previa. Antes de montar, conviene mirar el tramo,
fijarse en dónde rompe la corriente y en qué zonas se acumula el agua quieta. Si el pez no se mueve,
forzarlo con velocidad no sirve de nada. En invierno se pesca con paciencia y con menos cambios de
señuelo de los que uno cree.